Escrito por Juan Muth y publicado en el Face de Ariel Esmay.
No de golpe, no con ruido… sino con esa tristeza lenta que cala hondo. Cuando Massalin cerró sus puertas, no fue solo una fábrica la que se fue, se fue el sustento de cientos de familias, se resquebrajó la economía local y se sembró el miedo al futuro. Hoy, con el cierre de ALAL, la herida vuelve a abrirse, más profunda, más dolorosa.