En la noche de la víspera, el pueblo de Goya se congregó frente a la Catedral para esperar en vigilia la llegada de la medianoche y celebrar a la Virgen del Rosario, Madre y Patrona del departamento.



La noche tuvo un profundo significado para la comunidad goyana.
Familias, instituciones, autoridades y numerosos fieles se reunieron en torno a la Catedral para acompañar a la histórica imagen de la Virgen del Rosario y expresar, con cantos, vítores y vivas, el cariño y la devoción de todo un pueblo hacia quien reconoce como su Madre, Patrona y uno de los símbolos más arraigados de su identidad.
Luego de la misa correspondiente al último día de la novena, presidida por el obispo diocesano, monseñor Adolfo Ramón Canecín, comenzó un festival artístico y musical que reunió a destacados exponentes de la cultura local y del chamamé.
Entre las presentaciones se destacó la actuación del párroco de la Catedral, padre Ariel Giménez, junto a su grupo San José, además de la participación de reconocidos artistas locales.
Como broche de la celebración, Cristina Sandoval ofreció nuevamente su tradicional interpretación del Ave María, una ofrenda que cada año emociona a los presentes en el momento en que la sagrada imagen de la Virgen del Rosario sale del templo para recibir el saludo y la veneración de su pueblo.
La vigilia contó con una importante presencia de autoridades municipales y de las fuerzas de seguridad.
Participaron el intendente municipal Mariano Hormaechea, el viceintendente Sebastián Mazzaro, integrantes del gabinete comunal y concejales. También estuvieron presentes el director de la Unidad Regional II, comisario mayor Valentín Morales; el jefe de la Prefectura Goya, prefecto Marcelo Rigondi; autoridades del Servicio Penitenciario; el jefe de la Comisaría Primera, comisario Matías Castillo, y aspirantes del curso para cabos de la Policía de Corrientes.
Al llegar la medianoche, el momento central de la vigilia se vivió con profunda emoción: la histórica imagen de la Virgen del Rosario, que preside la Catedral de Goya, salió del interior del templo para encontrarse con su pueblo.
Una multitud la recibió entre aplausos, cánticos, pañuelos en alto y fervorosos "¡Viva la Virgen del Rosario!", renovando una tradición de fe que atraviesa generaciones y que forma parte de la identidad religiosa, cultural y comunitaria de Goya.