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10 | 2026-09-08 08:09:25


Las pymes advierten que la recuperación no aparece y reclaman alivio fiscal y crédito


La actividad comercial atraviesa una etapa de fuerte sensibilidad: las ventas pierden volumen, los costos pesan sobre los márgenes y el comercio electrónico gana espacio

La foto que dejaron los últimos meses no ofrece demasiado margen para el optimismo. En las pequeñas y medianas empresas, el problema ya no pasa por una sola variable. El consumo perdió fuerza, los hogares destinan una proporción creciente de sus ingresos al pago de servicios, el crédito todavía no alcanza para mover la actividad y la presión tributaria recae sobre negocios que trabajan con márgenes cada vez más estrechos.
Ese fue el diagnóstico que la Confederación Argentina de la Mediana Empresa llevó a una reunión con senadores nacionales. La entidad expuso ante los legisladores las dificultades que atraviesan comercios y empresas de distintas regiones del país y planteó la necesidad de medidas que permitan contener una situación que, según sus representantes, se volvió especialmente delicada.Salvador Femenía, secretario de Prensa de CAME, valoró la presencia de los senadores en la sede de la organización, pero aclaró que el encuentro dejó, sobre todo, una promesa de trabajo. Los legisladores tomaron nota de los reclamos y manifestaron su intención de avanzar sobre proyectos que puedan ofrecer algún tipo de alivio.

La diferencia entre una promesa y una medida concreta es, precisamente, uno de los puntos que generan mayor expectativa en el sector. Femenía señaló que por ahora no existe una respuesta específica para las pymes frente al deterioro del poder adquisitivo. Y allí ubica uno de los principales problemas: el consumidor tiene menos capacidad para gastar y una parte mayor de sus ingresos se destina a servicios.

En ese contexto, la recuperación de algunas líneas de crédito no alcanza para cambiar el escenario de manera inmediata. El dirigente mencionó las nuevas alternativas de financiamiento para la compra de automóviles y los anuncios vinculados con el crédito hipotecario, pero advirtió que ese tipo de instrumentos necesita tiempo para generar un impacto sobre el conjunto de la economía.

El razonamiento es sencillo: primero debe aparecer la demanda, luego debe moverse el stock y recién después puede sentirse el efecto sobre toda la cadena comercial e industrial. Para los pequeños negocios, que necesitan una mejora más rápida, los plazos de esa eventual recuperación resultan demasiado extensos.

Las ventas minoristas volvieron a mostrar una caída en agosto. Algunos rubros registraron mejoras interanuales, pero desde CAME relativizan ese dato porque atribuyen parte de esos movimientos a factores puntuales, como el Día de la Madre o los cambios de temporada en el sector textil. No se trata, según Femenía, de una modificación de la tendencia general.

El problema de fondo aparece en los márgenes. La menor inflación eliminó uno de los mecanismos que durante años permitió trasladar expectativas de aumentos a los precios, pero no hizo desaparecer los costos estructurales. Por el contrario, cuando las ventas pierden volumen y el consumidor no acepta nuevas subas, cada impuesto y cada costo adquiere un peso mayor sobre la rentabilidad.

Ingresos Brutos y las tasas municipales aparecen entre los principales reclamos. Desde la entidad describen casos de comercios que venden con márgenes mínimos o incluso a pérdida y, aun así, deben afrontar tributos calculados sobre las ventas.

La discusión tributaria también se cruza con la competencia de los productos importados. Femenía planteó que existen diferencias significativas entre la carga impositiva que soportan determinados productos importados y la que enfrenta un artículo de características equivalentes producido en la Argentina.

Durante la entrevista, mencionó un ejemplo que llamó la atención dentro de una reunión del sector: un producto importado podía ingresar al país con una carga tributaria cercana al 26%, mientras que un producto equivalente fabricado en la Argentina afrontaba una carga de alrededor del 46%, según el caso citado por el dirigente. La comparación, aclaró, contempla únicamente tributos.

Ese escenario ayuda a explicar otra de las transformaciones que atraviesa el comercio argentino. Algunas marcas nacionales de indumentaria ya recurren a productos fabricados en países como Bangladesh o Brasil para abastecer el mercado local. La apertura comercial modifica las reglas de competencia y obliga a empresas argentinas a revisar estructuras de costos que durante décadas estuvieron condicionadas por inflación, impuestos y regulaciones.

Pero la transformación no termina allí. El comercio electrónico ganó espacio y se convirtió en una herramienta cada vez más relevante para los negocios que también cuentan con un local físico. De acuerdo con el dato mencionado durante la entrevista, las ventas online de comercios con presencia física crecieron casi 18% en agosto.
La cifra puede llamar la atención, pero no alcanza para hablar de una recuperación del consumo. Femenía marcó una diferencia clave: el crecimiento del canal digital no modifica por sí solo el comportamiento general del mercado. El comercio electrónico representa, según explicó, entre el 20% y el 25% del comercio total y también muestra una curva condicionada por la evolución del consumo.

Para los comercios que todavía no incorporaron herramientas digitales, la advertencia es clara. No necesariamente se trata de una condena al cierre, pero sí de la pérdida de una porción del mercado. En un contexto de márgenes ajustados, quedar fuera de nuevos canales de venta puede convertirse en una desventaja difícil de compensar.

La digitalización, además, no presenta el mismo desarrollo en todo el país. Los grandes centros urbanos concentran buena parte de las operaciones online, mientras que en otras regiones la infraestructura, la logística y los hábitos de consumo establecen límites. La transformación existe, pero avanza a distintas velocidades.

En paralelo aparece otro frente de preocupación: las deudas fiscales. Femenía cuestionó la rapidez con la que se producen embargos y ejecuciones fiscales por parte de ARCA y reclamó un esquema de regularización más amplio, con tasas más convenientes.

Para una pequeña empresa con problemas de liquidez, la deuda no se limita al capital original. A los intereses y recargos se suman los honorarios profesionales vinculados con las ejecuciones. El resultado puede convertirse en una carga difícil de absorber para un comercio que ya tiene problemas para sostener su nivel de ventas.
La situación, además, no se restringe al ámbito nacional. Desde CAME sostienen que una problemática similar aparece en las administraciones provinciales y municipales. El reclamo, por lo tanto, apunta a los distintos niveles del Estado y plantea una pregunta que excede al sector privado: cómo reducir la presión sobre las empresas sin afectar las cuentas públicas.

La respuesta tampoco parece sencilla. El propio Femenía reconoció que mientras los distintos niveles de gobierno no consigan reducir sus propios gastos, las posibilidades de bajar la presión tributaria serán limitadas.
Suman 25 mil pymes que cerraron sus puertas

La dimensión del problema queda expuesta en otro dato: desde el comienzo de la actual gestión nacional, unas 25.000 pymes habrían cerrado, según la estimación aportada por CAME. La entidad no cuenta, en esta instancia, con una cifra específica para todo 2026, pero el número acumulado muestra la profundidad de la crisis que enfrenta una parte del entramado productivo y comercial.

A pesar de ese panorama, las expectativas del sector no son completamente negativas. Las encuestas que realiza CAME muestran una división bastante equilibrada entre quienes creen que su situación mejorará y quienes consideran que continuarán en las mismas condiciones. Entre ambos grupos reúnen más del 86% de las respuestas.

Ese dato introduce una cuota de esperanza en un escenario que todavía carece de señales firmes de recuperación. El problema es que las expectativas, por sí solas, no generan ventas ni reducen costos. Para que la percepción cambie de manera concreta, el sector necesita que el consumo recupere volumen, que el crédito llegue con mayor fuerza y que la estructura de costos deje de presionar sobre negocios que ya trabajan al límite.

El último trimestre del año aparece, así, como un período clave. Desde CAME no identifican por ahora un factor capaz de provocar una reactivación rápida. Incluso si apareciera una medida capaz de cambiar el escenario, Femenía advierte que sus efectos no serían inmediatos.

La reunión con los senadores dejó una señal política, pero todavía no una solución económica. Las pymes consiguieron llevar sus reclamos al Congreso y recibieron el compromiso de que se analizarán proyectos vinculados con la actividad. El próximo paso será determinar si esa voluntad logra convertirse en una decisión concreta.

En un país donde el comercio todavía representa una parte central de la actividad económica y del empleo, la discusión excede a los empresarios. Detrás de cada persiana cerrada hay una cadena de proveedores, trabajadores, alquileres, impuestos y consumo que también pierde movimiento. Por eso, la crisis de las pymes no constituye solamente un problema sectorial: funciona como uno de los termómetros más sensibles para medir el pulso de la economía.

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