Este martes 18 de agosto, se cumplirán 178 años de un fusilamiento que pasó casi inadvertido en su momento, hasta la batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852

El viernes 18, en el campamento militar de Los Santos Lugares de Rosas-GBO- cayeron frente el pelotón de fusilamiento María Camila O’Gorman y su pareja Uladislao Gutiérrez, el ex cura de la parroquia de Nuestra Sra. del Socorro de Buenos Aires capital.
Marco histórico del siglo XIX argentino- hasta 1848
Nuestra a historia tiene, desde sus orígenes en 1810, múltiples casos de violencia institucional, política, familiar, individual, social.
Degüellos, fusilamientos y ahorcamientos (individuales y colectivos), asesinatos con distintas armas, confiscaciones de tierras, secuestros, exilios, torturas, desapariciones de personas.
Internamente las dos facciones ideológicas desencontradas (unitarios, liberales versus federales, autonomistas) dirimían la organización de las Provincias Unidas del Río de la Plata con el uso de la palabra pero también con sus propias milicias y armas, para imponer el sistema centralista (unitario) o federal (autonomías provinciales).
Cada una de las catorce provincias poseía su propia fuerza militar, aduana seca, banco, papel moneda, pasaporte y bandera. Usualmente el gobernante era militar, comúnmente llamado caudillo.
La revolución de Mayo tuvo como efecto colateral la división de los criollos entre los porteños y los del interior, división que frecuentemente se zanjó con enfrentamientos armados, verdadera guerra civil que retrasó la organización del país. Hubo intentos organizativos fallidos al querer aplicar las constituciones unitarias de 1819 y 1826 como la efímera presidencia de Bernardino Rivadavia (febrero del ‘26 hasta junio del ‘27), frente al pensamiento federal mayoritario.
Fueron años de caos, donde también hubo algunos avances: la creación de la escarapela, escudo y bandera nacionales, más La Canción Patria (Himno Nacional); la declaración de la Independencia en el congreso de Tucumán; la legislación a favor de los hijos de esclavos nacidos a partir de enero de 1813 (libertos), la aparición del periódico La Gazeta de Buenos Ayres, la apertura de la primera Biblioteca Pública, iniciativa de Mariano Moreno y la creación de la Universidad porteña Como también hubo distintos progresos en varias provincias.
Al desorden interno debemos agregar la primera guerra internacional argentina contra el Imperio del Brasil y el azote de los malones con robos, secuestros de mujeres, muertes, leva de gauchos para mandarlos a la frontera.
El puerto de Buenos Aires, recibía lentamente extranjeros; la ganadería bonaerense se basaba en la cría de ovejas y ganado vacuno, en ese orden. El resto del extenso territorio bonaerense –Patagonia, “el desierto”- estaba en manos de los belicosos indios pampas araucanizados. Las islas Malvinas ya habían sido usurpadas por los ingleses, en enero de 1833.
La iglesia católica ejercía una poderosa influencia en la vida social y varios miembros del clero fueron diputados desde 1810 hasta 1852.
El catolicismo del siglo XIX intensificó el culto Mariano popularizando una serie de rituales profesados dentro del ámbito familiar tales como el rezo diario del Santo Rosario y lecturas del Evangelio a la luz del candil. Era habitual la asistencia a Misa de Gallo, el Sacramento de la Confesión, la caridad, las procesiones, los viáticos, los cantos, el uso del agua bendita y las obras de beneficencia. Los horarios diarios seguían el ritmo tradicional marcados por la Iglesia Católica, de acuerdo a las horas canónicas, estructurando el día desde el amanecer con Laudes y Prima, el mediodía con el Ángelus y la Sexta, hasta la tarde/noche con Vísperas y Completas.
Por último, la existencia del clero regular y secular se manifestaba en la cantidad de parroquias (once) que había en la planta urbana porteña y fuera de ella. Hecho similar ocurría en el resto de las provincias.
En la capital, los extranjeros no católicos, llamados disidentes, poseían sus propios templos y cementerio. La necrópolis pública y estatal para católicos se había inaugurado en noviembre de 1822, como cementerio del Norte (hoy Recoleta).
La sociedad virreinal estaba compuesta por blancos (españoles), criollos (hijos de españoles nacidos en América), esclavos, mestizos, zambos y mulatos. La alta burguesía española ocupaba todos los cargos institucionales mientras los criollos, aunque adinerados, estaban excluidos y tanto unos como otros se dedicaban al comercio (legal e ilegal) de diversas mercaderías que se traían de Europa y a la compra-venta de esclavos.
El patriarcado, heredado del derecho latino, era el eje de la vida familiar. La autoridad del padre o del marido dominaba las decisiones del hogar, mientras que a la mujer le correspondía principalmente el ámbito doméstico: la crianza de los hijos, la educación religiosa, la costura, el cuidado de la casa y numerosas tareas manuales que sostenían la vida cotidiana. En las familias porteñas, especialmente fuera de los sectores acomodados, muchas mujeres también colaboraban en pequeñas labores realizados dentro del hogar.
Desde 1776, las futuras tierras que formarían la Confederación Argentina, llamadas Virreinato del Río de la Plata pertenecían a la Corona española, que lo gobernaba a través del virrey, los ocho gobernadores intendentes y las cuatro autoridades de los territorios militares subordinados (Montevideo, Misiones, Moxos y Chiquitos).
Asesoraban y ayudaban al monarca, El Real y Supremo Consejo de Indias, la Casa de Contratación de Sevilla, los secretarios de estado y de despacho (especie de ministros) y el Consejo Real de Castilla.
Todas la Reales Órdenes se aplicaban en los Reinos de Indias (así llamadas estas tierras) a través de las Leyes de Indias, que regulaban la vida social, civil, política y económica. Las Leyes indianas eran la recopilación de las Ordenanzas de Burgos de 1512 más las Leyes Nuevas de 1542.
Pero, fundamentalmente, la legislación española colonial se basaba en el derecho romano. El año icónico fue el 74 d.C., cuando el emperador Vespasiano concedió el Ius Latii (derecho latino) a todos los habitantes de Hispania.
En el siglo XIII, en la Europa medieval se difundió el derecho romano, ordenado recopilar, entre los años 528 a 534, por el emperador bizantino Justiniano I. La obra estaba estructurada en cuatro: Codex (Código); Digesto o Pandectas; Institutas o Instituciones y Novelas (Novellae Constitutiones).
La Recopilación de Justiniano influyó en Las Partidas de Alfonso X el Sabio y en los formularios contractuales del siglo XIII en adelante. Y por supuesto, en todos los reinos de las Indias Occidentales y Orientales.
Pero estas tierras del río de la Plata, dejarán de ser virreinato a partir de la Revolución de Mayo, cuando nueve miembros de la burguesía local, vecinos (dos militares, un sacerdote, cuatro abogados y dos comerciantes) desplazaron al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y dieron origen a un proceso político-administrativo-militar para que estas tierras que pasaran a llamarse Provincias Unidas del Río de la Plata. Sin embargo la organización constitución definitiva se logró con la constitución de mayo de 1853. Luego vendrían los Códigos y la definitiva, pero lenta, organización nacional.
Pero antes del período preconstitucional y precodificador, la vida, en todos sus aspectos, en la Confederación de mediados del siglo XIX se reglaba con las muy antiguas normas españolas. Camila y Uladislao, las sufrieron.
Esas normas fueron: Fuero Juzgo traducción del visigodo, 654; Las Siete Partidas (su nombre original fue Libro de las Leyes) fueron un cuerpo normativo redactado en Castilla, entre 1256 a 1265. Esta obra ejerció una amplia y larga influencia en España y América, hasta mediados del siglo XIX; Concilio de Trento (Italia): reunido entre 1545 a 1563, fue la respuesta fundamental de la Iglesia Católica a la Reforma Protestante; La Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias fue un cuerpo legal promulgado por Carlos II en 1680 para regular la administración política, social, económica y religiosa de las colonias españolas en América y Filipinas.
Las Siete Partidas y los preceptos del Concilio de Trento fueron consultados para el caso tan sorpresivo y particular protagonizado por una joven menor de edad –con indicios de embarazo- y el ex cura –sin renuncia presentada- de la parroquia del Socorro.
El gobernador Rosas había ejercido las facultades extraordinarias en su primer período de gobierno (1829-1832). Las mismas fueron poderes especiales otorgados por la legislatura bonaerense, permitiéndole gobernar y dictar leyes sin consultar a la misma. Estos poderes se utilizaron para restaurar el orden durante las guerras civiles, incluyendo medidas drásticas como encarcelamientos, destierros y fusilamientos. La única excepción era no poder firmar tratados definitivos sin aprobación. O sea, que ejercía dos poderes al mismo tiempo, el ejecutivo y parcialmente el legislativo. Al mismo tiempo, la legislatura le otorgó el título de Restaurador de las Leyes.
A partir de febrero de 1835, con la muerte de Juan Facundo Quiroga de regreso de una misión oficial porteña, los legisladores bonaerenses le concedieron a Rosas la suma del poder público, es decir la concentración de los tres poderes institucionales, más ampliación de su mandato a cinco años. Rosas podía dictar leyes, administrar justicia y ejecutar políticas sin necesidad de aprobación de otros cuerpos; se le otorgó por el tiempo que él mismo considerara necesario; estaba obligado a defender la religión católica y sostener la causa federal. También las legislaturas provinciales le había permitido el ejercicio de las relaciones exteriores de la Confederación.
Ante la desaparición de la pareja, en diciembre de 1847, Rosas fue informado varios días después, recibió cartas de la jerarquía eclesiástica porteña como también de Adolfo, el papá de Camila. Les respondió a los miembros del clero y puso en marcha la búsqueda, comunicando a la policía, jueces de la ciudad y campaña bonaerenses y a todos los gobernadores.
Pero también buscó asesoramiento en importantes abogados del foro porteño. Para este tema, sigamos a Reyes.
Antonino Reyes, ante una carta escrita en Buenos Aires de parte Máximo Terrero, esposo de Manuelita, el primero la contestó el 18 de septiembre de 1879, desde Montevideo. Rosas, había fallecido dos años antes.
“(…). Mi querido Maximo
Quiero satisfacer tu curiosidad tanto cuanto me sea permitido, con el asunto de que me hablas; aun que sea diciéndote lo muy preciso para dar un tinte de cumplimiento á tu excigencia, aun que no llene todos tus deseos. (…)
Tu sabes que en esos últimos tiempos el Genl Rosas había estrechado sus relaciones con el Dr. Veles Sarfiel y que le reconocia capacidad en todo lo concerniente á Canones---Bien pues, en este incidente de Camila y el Presbitero Gutierres fue el consejero mas consultado, como tambien lo fue secundariamente el Dr. Torres y Garcia, no tengo noticia del Dr. Lahitte-----Debe existir algo escrito por estos S. S. separadamente. (…). En cuanto á esta carta es para ti solo, no creo que es oportuno demi, largar estos detalles aislados y mas que el Genl. Rosas me encargo alguna ves no hiciera publico estos pormenores…---------------.
Quiero ser consecuente á mi palabra. (…). Se me olvidaba decirte que para apoyar su concepto el Dr. Vales, le mandó al Genl. algunos párrafos de las leyes que castigaban estos delitos y las penas que señalaban.”[Saldías, 1904, s/n].
Los cuatro abogados mencionados en la carta fueron Dalmacio Vélez Sarsfield, Lorenzo Torres, Baldomero García y Eduardo Lahitte.
Con respecto a lo hecho por Camila y Uladislao, fueron acusados de unión sacrílega y en el caso del cura, seducción de doncella y rapto.
Para estos “delitos”, Las Siete Partidas y El Concilio de Trento indicaban los castigos a aplicar. Aunque para el caso de mujer embarazada, debía parir y luego ser castigada pues el futuro ser no debía cargar con la culpa de la madre.
Rosas ordenó la pena de muerte. Para este caso de agosto de 1848, no existen los expedientes enviados a Antonino Reyes, en su sede de los Santos Lugares, como tampoco el sumario y copia correspondiente, redactados en Goya.
La rapidez del castigo, implicó que no hubiera un juicio formal con derecho a defensa. Pero también evidenció un cambio de actitud por parte del Restaurador de las Leyes, manifestada en la comunicación del 17 de enero de 1848, firmada por Benedicto Maciel -oficial 1° del Ministerio de Gobierno- y enviada al oficial 1° en comisión en el Departamento de Policía. La misma decía que los reos donde fuesen encontrados debían ser enviados a Buenos Aires, con grillos el ex cura e instalados, Camila en la Casa de Ejercicios Espirituales y Uladislao en la cárcel del cabildo.
La época era sangrienta. La violencia política se cobró su primera víctima con el fusilamiento (1810) de Santiago de Liniers y Bremond, conde Buenos Aires y héroe de la Reconquista contra los británicos.
Agreguemos, la muerte de Mariano Moreno, en 1811, acontecida por causas naturales, aunque hasta nuestros días se hable de envenenamiento. Entre 1810 y 1848, Argentina perdió figuras claves durante las guerras civiles o contra los españoles y portugueses: Martín de Álzaga (1812); Francisco Ramírez (1821); Martín Miguel de Güemes (1821); Manuel Dorrego (1828); Narciso Laprida (1829); Juan Facundo Quiroga (1835); los hermanos José Vicente y Guillermo Reinafé, junto con Santos Pérez (1837); Genaro Berón de Astrada, Ambrosio Crámer, Ramón Maza y Ramón Vicente Maza y Pedro Castelli (los cinco en 1839); Juan Galo de Lavalle (1841); Marco Avellaneda (1841); Florencio Varela (1848). Este listado no es limitativo, porque hubo muchos varones que cayeron junto a sus jefes, pero cuyos nombres y apellidos la historia no rescató tibiamente. Citamos como ejemplo el caso del coronel Pedro León Aquino y Gainza, soldado unitario que acompañaba a Urquiza en el Ejército Grande que se dirigía a Caseros, para enfrentarse a las tropas de Rosas, pero cambió de bando. Sus compañeros lo mataron en enero de 1852. Después de Caseros, Urquiza ordenó fusilar a todos los soldados de la división Aquino.
Como se desprende de lo explicado en los párrafos anteriores no hay registro de mujeres fallecidas como consecuencia de violencia política, por el contrario sí las hubo en los batallones, fallecidas por acompañar a los soldados –las llamadas mujeres cuarteleras- y las recordadas Petrona Simonino, María Ruiz Moreno, Josefa Ruiz Moreno, Prudencia Porcel, Carolina Núñez, Francisca Nabarro, Faustina Pereira que murieron en combate durante la Guerra del Paraná, en la batalla de Vuelta de Obligado.
Mis investigaciones no han hallado documentación de juicios con castigo de muerte para mujeres ladronas, prostitutas u opositoras al gobierno de turno. El único caso asentado sucedió pero en 1856. Se trató de la sentencia a muerte con fusilamiento y exposición del cadáver en la Plaza de Mayo aplicada a Clorinda Sarracan, por asesinar, con dos cómplices, a su marido Jacobo Fiorini. La presión popular y mediática logró la conmutación de la pena, por encarcelamiento.
Camila O`Gorman, joven de la burguesía porteña, tuvo el triste privilegio de convertirse en la única mujer fusilada sin juicio previo junto a su pareja, aplicándole la normativa legal vigente heredada del sistema español.
El hecho sólo fue replicado por los diarios Comercio del Plata –de tinte unitario, editado en Montevideo a los cinco días del castigo- y La Gazeta Mercantil –rosista, de Buenos Aires, en noviembre como réplica a los argumentos del diario uruguayo.
El silencio popular acompañó la tragedia. La derrota sufrida por Rosas en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, puso fin a su gobierno. El derrotado partió hacia un largo exilio en Inglaterra donde permaneció hasta su muerte, junto con Manuelita y Máximo Terrero.
Apellidos, escenarios geográficos y principales personajes.
El apellido predominante en esta historia será O’Gorman (significa “de azul”). De origen irlandés, derivación del gaélico -rama de las lenguas célticas insulares-, está asociado al condado de Clare, en la costa oeste de Irlanda fundamentalmente con la ciudad de Ennis -del gaélico Inis, “isla”- capital y la mayor ciudad del Condado.
El santo patrono católico irlandés es San Patricio y los símbolos icónicos son, el trébol de tres hojas y el arpa celta.
Cuando los romanos ocuparon Éire (Irlanda), latinizaron del nombre ivernii –tribu celta- la nueva designación Hibernia, “tierra del invierno”. Por eso a los irlandeses se los conoce también como hibernos.
Con el rey inglés Enrique VIII, comenzó la dominación sobre la isla.
Entre 1845 y 1849 la cosecha de patatas, que se había convertido casi con exclusividad en el único alimento de la gran mayoría de los irlandeses, fue sistemáticamente destruida por una plaga de parásitos, lo que acabó provocando la Gran Hambruna. Alrededor de un millón de personas perecieron de inanición y la emigración se convirtió en una salida vital, hacia otros países como Inglaterra, Canadá, Australia, Estados Unidos y Argentina.
En nuestro país, se desempeñaron mayoritariamente como pastores y criadores de ovejas –ovejeros- en la zona rural.
Sin embargo el primer O’Gorman establecido en estas tierras rioplatenses, a fines del siglo XVIII, fue el médico Miguel, que firmaba sin el prefijo O. Él era de Ennis. Llegó a ser el Protomédico del virreinato. Murió en 1819.
Cuando el 6 de julio de 1797, llegó a Buenos Aires el comerciante francés Hernando Esteban Perichon de Vandeuil y su familia, lo acompañaba su yerno –también comerciante- Tomas O’Gorman, sobrino o primo de Miguel, originario, como su pariente de Ennis.
El tercer irlandés que conoció a Camila y Uladislao, fue el presbítero Miguel Gannon. Averiguar su lugar de nacimiento, resultó difícil por la poca documentación encontrada. Posiblemente haya nacido en Achonry, aldea en el condado de Sligo, al NO de Irlanda.
De Francia, específicamente de París, son originarios los Perichon de Vandeuil, parientes directos de Camila.
Los Perichon y los O’Gorman estuvieron en la India y en algunas islas del océano Índico, por motivos comerciales.
Las dos familias mencionadas se radicaron en tres lugares: Puducherry, “Ciudad Nueva”, en idioma tamil; en francés, Pondichéry; la isla Mauricio, parte del archipiélago Mascareñas, ubicado al suroeste del océano Índico, a unos novecientos kilómetros de Madagascar en África En 1598 una escuadra neerlandesa al mando del almirante Wybrand van Warwyck nombró a la isla Mauricio, en honor del príncipe Mauricio de Nassau, estatúder de los Países Bajos y por último, Reunión o La Reunión una isla francesa situada al sur del océano Índico, al este de Madagascar. Cuando Francia tomó posesión de la isla en el siglo XVII, la denominó Bourbon, en honor a la dinastía real que gobernaba ese reino. Para romper con este nombre, la Convención Nacional, surgida con la Revolución de 1789, decidió, cambiar el nombre del territorio por el de Isla de la Reunión, en 1793, en homenaje a la reunión de los federados de Marsella y de los guardias nacionales parisinos que precedió a la insurrección del 10 de agosto de 1792 y a la marcha sobre el palacio de las Tullerías.
Por motivos políticos y sociales, los Perichon de Vandeuil y los O’Gorman llegaron al río de la Plata. Primero a Montevideo y luego a Buenos Aires. Eran dos matrimonios: Hernando Esteban Perichon de Vandeuil, su esposa Juana Magdalena d’Abeille y 9 hijos y su yerno Tomás O’Gorman, su mujer María Ana Perichon de Vandeuil (1775-1847), dos hijos (Tomas y Adolfo); ella dará a luz en Montevideo a María Micaela Leonor.
Llegaron en la fragata estadounidense María Eugenia. La misma había partido desde la isla Mauricio el 10 de abril y atracó primero en Montevideo. El pasaje se componía del capitán, 23 tripulantes, 50 esclavos, un comerciante, un sacerdote y los matrimonios mencionados.
En Buenos Aires, se necesitaron varios días para desembarcar la mercadería. Depositaron en la aduana 590 piezas enteras de algodón y dos baúles con 114 piezas de lienzo y pañuelos. Como detalle menciono que en el listado de los muebles figuraban dos bidet.
Los Perichon trasladaron sus actividades agrícolas y comerciales a Corrientes y Misiones.
Tomás y María Ana compraron dos propiedades en la capital porteña y una chacra o chácara en Los Pagos de La Matanza. Además Tomás, viajó a distintas regiones de América. Murió en España en 1816. Su principal producto de venta, fueron esclavos.
Además de Buenos Aires, relacionados con los Perichon y los fusilados de 1848, menciono las ciudades de Tucumán, Paraná, Goya, Bella Vista, Corrientes y localidades misioneras.
La capital del virreinato, poseía 11 iglesias católicas y pocos templos para los disidentes (protestantes, ingleses, alemanes; presbiterianos escoceses y metodistas).
En particular, nos interesa para esta historia la parroquia del Socorro, ubicada en Juncal y Socorro (hoy Suipacha), cerca del Campo de Marte -hoy plaza San Martín- que para mediados del siglo XIX era una pequeña y modesta construcción que tenía 5,84 mts. de frente por 17,53 mts. de fondo y una sola nave con espadaña en el frente. Su construcción se inició en 1750 sobre un terreno donado por Alejandro del Valle. Cinco años más tarde, fue inaugurada. Sus dos principales imágenes Virgen del Socorro y Cristo de los Milagros fueron donadas por familias locales. Era una parroquia extra muros, de barriada, a la cual asistía gente humilde.
Juan Manuel Ortiz de Rozas y López Osornio, o sea Juan Manuel de Rosas ejerció su primer trienio gubernamental entre 1829-1832 y luego cada cinco años gobernó desde 1835 hasta el 3 de febrero de 1852.
Si bien la sede gubernativa desde la época virreinal, fue el Fuerte llamado Real Fortaleza de Don Juan Baltasar de Austria y posteriormente Castillo de San Miguel o San Miguel Arcángel del Buen Ayres (la actual Casa Rosada), Rosas utilizó como residencia oficial de gobierno, primero su casa en la calle Moreno 550 y luego se trasladó al llamado Caserón de San Benito de Palermo o La Encarnación –actual barrio de Palermo-.
Desde esta residencia Rosas, ejercía su autoridad con un número importante de escribientes y edecanes que lo ayudaban en la tarea administrativa.
El campamento de los Santos Lugares de Rosas, se ubicaba al sudeste de la capital provincial. Se desarrolló en torno de un viejo edificio religioso, pertenecientes a los monjes mercedarios que fue expropiado en la época de Rivadavia.
El edificio se llamaba La Crujía; era un rectángulo de 70 por 60 metros, todo construido de ladrillos dobles de una sola planta. Su ancha entrada se coronaba con un arco de medio punto y se cerraba con un portón de rejas. Sobre la misma había una pequeña espadaña, donde una vez estuvo la campana del convento. La fachada tenía ventanas enrejadas. Los monjes con lo producido en los campos aledaños, enviaban a Jerusalén o Tierra Santa o Santos Lugares, una contribución. Por eso este lugar se llamó los Santos Lugares, que más tarde Rosas, por decreto, le agregó su apellido.
Poseía veinticuatro habitaciones y tres patios: a dos de ellos daban oficinas, cuadras de oficiales y tropas, depósitos de municiones, maestranza, calabozos, capilla y guardia; el tercer patio se utilizaba como lugar de fusilamiento, Las ventanas y puertas eran de madera; las primeras poseían reja.
Manuela Robustiana Ortiz de Rozas y Ezcurra (1817-1898) Manuelita, amiga de Camila que intercedió por ella ante su padre y compró enseres para la habitación que ocuparía Camila en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales de Buenos Aires.
En Tucumán, en una ciudad y año aún no identificados, nació Uladislao Gutiérrez. Su familia estaba compuesta por su Gregorio Gutiérres Gramajo y su madre Celestina Dolores Ximenes; sus hermanos José Gregorio y Udalrrica, casada con José Luis Alurralde Geres y progenitores de Teófila Dolores Josefa; Amalia Alminda; Leocadio Segundo Uladislao; Josefa Dolores Teófila, Luis Felipe y Cecilia Segunda.
Goya, sobre el río Paraná en la provincia de Corrientes, a diferencia de otros asentamientos de la zona, no tuvo origen en un acto deliberado de asentamiento fundacional, sino que creció espontáneamente a partir del siglo XVIII como fruto del comercio fluvial que se desarrollaba a través del Paraná. El río era la vía natural para la entrada y salida de bienes al Paraguay, que por ese entonces formaba parte del Virreinato del Río de la Plata.
Mediante este movimiento comercial, Goya emergió en primera instancia como un asentamiento portuario a orillas del riachuelo que fue llamado Goya y a poca distancia del río Paraná. Consecuentemente, se produjo el acercamiento de gente hacia el lugar, principalmente paisanos que hasta entonces habitaban las tierras no inundables vecinas a la traza del Camino Real que unía Buenos Aires, Corrientes y Asunción. Se ignora exactamente a qué se debió la elección del nombre; sin embargo, varios estudios sostienen que recuerda a Gregoria (Goya) Morales, la mujer de un notable vecino.
Por último otros personajes relevantes para esta historia fueron:
-el presbítero Miguel Gannon: llegó al río de la Plata el 30 de agosto de 1844, procedente de Río Grande-Brasil. Acá tenía parientes, a saber su tía carnal Elizabeth Chitty, esposa del almirante G. Brown, radicada acá hacía treinta y cuatro años. Su hermana Benneth, estaba casada con William Cannon (así está registrado el apellido en la página www.irishgenealogy.com.ar) y llegó con otros hijos, tres meses después de Miguel. Ejerció cargo religioso y docente en Buenos Aires. Fue designado cura párroco de la Santísima Cruz de la capital correntina.
En junio de 1848, desembarcó en Goya, por una parada del buque que debía llegar a Corrientes capital. Bajó acompañado de dos curas más. Ahí es preguntado por el capitán Soto sobre una pareja llegada hacia fines de febrero, llamada Valentina Sand y Máximo Brandier –él intentaba ejercer como maestro-. Fueron reconocidos.
Miguel estuvo en Santísima Cruz estuvo hasta el 20 de septiembre de 1850. Luego pasó a Bella Vista, a Nuestra Sra. del Carmen. Ejerció su ministerio sacerdotal desde el 5 de enero de 1851 al 27 de enero de 1857 y por segunda vez desde el 17 de agosto de 1858 al 18 de mayo de 1859. Falleció diez días después.
-sargento mayor Antonino Reyes (1813-1897), escribiente, edecán y encargado de la secretaría del campamento de los Santos Lugares. Recibió a la pareja hacia el 14 o 15 de agosto y dispuso su fusilamiento, por orden de Rosas el viernes 18 a las 10 horas. Hizo colocar los cadáveres en un solo cajón de fusiles. La tragedia del fusilamiento, no la presenció, lo postró en la cama varios días. Los testigos de esa jornada dijeron que avisó a Rosas del embarazo y que fue retado personalmente por el gobernador, en Palermo.
Breve vida en Goya-El fusilamiento
María Camila, había nacido en Buenos Aires el 9 de julio de 1825. Fueron sus padres Adolfo y Joaquina Giménez Pinto. Tuvo 5 hermanos: Carlos Nicolás Joaquín, María del Carmen Pascuala, Clara Ana Joaquina, Enrique Martín y Eduardo.
Tuvo 11 primos hermanos por casamiento de Tomas con Concepción de Riglos y Lezica.
Su abuela, muy famosa por su amistad con el también francés Santiago de Liniers, era llamada popularmente La Perichona. Falleció el 1 de diciembre de 1847.
Uladislao llegó desde Tucumán en 1845. Fue designado al frente de la parroquia del Socorro el 20 de agosto de 1846.
En qué momento y que ambiente conoció a Camila, no se sabe. Partieron de la capital a la noche del 11 de diciembre de 1847. En caballo, rumbearon hacia el norte bonaerense, cruzaron a Santa Fe y luego a Paraná donde solicitaron pasaporte, el 01 de febrero. Él acompañado de Valentina y como comerciante jujeño de 30 años.
Llegaron a Goya en la Goleta Río de Oro, casi a fines de febrero. Era juez d epaz de la Villa Juan Esteban Perichon, sobrino de Ana, primo hermano de Adolfo. Uladislao pidió a las autoridades locales ejercer como maestro. Desarrollaron su vida en tres casas, hasta que el 13 de junio son reconocidos por el cura Gannon. Son encerrados: Camila, primeramente, va a la casa de la familia Baibiene y a la cárcel local. Luego ambos quedan allí, mientras el hacen el sumario. El 20 de julio parten hacia Buenos Aires.
En los inventarios de los bienes dejados por él en el Socorro y por ambos en su casa goyena, hay un elemento común: “una marquesa vestida” (AGN), dice el primero, “una marquesa o cuna” dice el segundo (21 de junio de 1848, firmado por el escribano Manuel Loza, junto con los testigos Estanislao Lemos y Tomás de Echavarría). Las frases en ambos documentos pueden ser tomadas como indicio de un embarazo, para el cual se necesitaba una cuna. Antiguamente la palabra marquesa se usó en países de América Latina como Perú, Chile o Argentina, para designar un tipo de cama baja de madera fina o un sofá pequeño para dos personas.
También en el sumario hay una mención de los tres sumariantes de que Camila estaba “muy enferma, efecto sin duda de hallarse en sinta” Sic mío.
En San Nicolás desembarcan. El juez de paz le hace la clasificación correspondiente a cada uno. Él declara que tiene 25 años, por lo tanto nació en 1823.
Puestos en carretas separadas, la escolta los dirige a Buenos Aires pero en el camino llega una nota de Rosas (cuyo borrador está en el AGN) indicando al capitán Cano que sean derivados al campamento de Los Santo Lugares.
Faltaba poco más de un mes para la llegada de la primavera cuando el movimiento interno del campamento militar de los Santos Lugares de Rosas, ubicado a 11-12 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Buenos Aires, se vio alterado. El sargento de caballería, edecán Antonino Reyes, a cargo de la Secretaría y del Despacho del Campamento, debió cumplir con una orden escrita y estricta emanada del gobernador el día viernes 18 de agosto: cerrar el campamento y fusilar a los jóvenes Camila O’Gorman y Uladislao Gutiérrez, ese día, a las 10 am.
En pleno verano, la pareja decidió tomar una resolución audaz: irse de la ciudad puerto. Adolfo, el padre de Camila, estaba en los pagos de La Matanza, en su chacra, cuando el día 16 de diciembre se enteró de lo sucedido con su hija menor. Algunos integrantes de la jerarquía eclesiástica estaban, desde el 8 de diciembre, en la Villa de Luján, para celebrar a la Patrona de la localidad. Seguramente, otras familias porteñas estarían en sus quintas o chacras para disfrutar del aire fresco, lo que hacía que Buenos Aires tuviera poca actividad y gente. Áquel verano, la ciudad lucía apacible con escasa actividad. Las calles de tierra, blanqueadas por el sol, quedaban casi desiertas durante la siesta, cuando el calor caía pesado sobre los techos bajos y los patios en sombra. Desde los aljibes se alzaba un frescor breve y en las galerías se oía el lento crujir de las hamacas.
Al caer la noche, la ciudad recuperaba un ritmo tenue: faroles encendidos, pasos dispersos, y el murmullo lejano de guitarras. Buenos Aires, todavía baja y extendida, parecía diluirse en la llanura bajo un cielo espeso, donde el calor del día se prolongaba como un eco. En esa noche de mediados de diciembre, se fueron sin dejar nota familiar ella, ni renuncia a su cargo él, llevándose un atado mínimo de ropa sin haber encontrado un motivo que explicara el amor entre ambos, un argumento que conformara a una sociedad porteña que era reflejo de la moral y las buenas costumbres.
A nivel privado, las familias O’Gorman, Perichon Vandeuil, Ximénez Pinto, Riglos y Lezica, Tarrago Castro y Capdevila Pinto estaban de luto pues el 1 de diciembre había fallecido Ana María Perichon de Vandeuil de O’Gorman, la abuela de todos los hijos de Adolfo y Tomas, bisabuela de los primeros bisnietos y tía de sus sobrinos (Perichon García, Perichon Martínez -de la provincia de Corrientes-, Perichon Liniers y Perichon Obes).
La pregunta central de esta actitud es ¿por qué se fueron? Quizá, el amor entre ambos no podía justificarse ante la sociedad porteña: que una mujer de familia tradicional, con 22 años cumplidos (menor de edad para la época) fuera la novia, la pareja de un CURA, de 25 años, no era admisible en forma pública. Tal vez, se hayan ido, porque habría un embarazo en ciernes.
La frase resaltada en ambos documentos puede ser tomada como indicio de un embarazo, para el cual se necesitaba una cuna. Antiguamente la palabra marquesa se usó en países de América Latina como Perú, Chile o Argentina, para designar un tipo de cama baja de madera fina o un sofá pequeño para dos personas. En Goya, los sumariantes agregaron la palabra cuna, como sinónimo.
Cabe aclarar que la documentación de Goya ha desaparecido del Archivo Histórico de Corrientes Capital, como también la copia enviada a Buenos Aires junto con los reos. Felizmente el contenido del sumario fue publicado por La Verdad Periódico político y social, de Corrientes capital, entre el 17 de septiembre al 8 de octubre de 1884. Gracias a su director Ausonio Bertoli, lo conocemos pues copió íntegramente en la Sección Histórica las seis sesiones de interrogatorio a la pareja.
Finalmente, el testimonio más cercano a la fatídica fecha del 18 de agosto y sobre el embarazo, está en las Memorias del edecán de Rosas, escritas por la mano del abogado e intelectual chileno Manuel Bilbao (1827-1895) y publicadas en 1883:
“(…) Don Antonino Reyes, relata del siguiente modo el arribo de los presos al campamento:
“No estoy seguro, dice, si fue el 14 ó el 15 de agosto que llegaron estos desgraciados al campamento, como á las tres ó cuatro de la tarde; y cuando llegaron al punto donde estaba la oficina, ya venía atrás una multitud de gente de gente, de toda clase y algunas familias de los oficiales, de los escribientes y de otros empelados que estaban allí con el objeto de verlos; pero como las carretas eran toldadas y traían tapada la puerta de atrás con mantas, nada se podía ver.
(…).
Una vez listo todo, hice entrar las dos carretas al patio de la cárcel, y que la de la joven llegase hasta la puerta del cuarto donde ya le había hecho poner un catre, una mesa y dos sillas”. (…).
“Bien, pues, debo prevenir á ustedes que yo vengo enferma y necesito un médico. –Y abriendo ó separando del vientre un pañuelo grande negro, con que venía tapada, dijo: -¿no ven ustedes cómo vengo?- Y acompañó lo que decía sacando afuera el vientre. Muy bien, le dije yo entonces, y salí”.
Ambos hicieron sus declaraciones o exposiciones o clasificaciones y fueron enviadas a Palermo de San Benito, el caserón desde el cual el Restaurador ejercía su administración y poder.
“(…). Despachado el chasque, la opinión de los que estaban en la secretaría con Reyes era, que Rosas probablemente los mandaría á la cárcel de Buenos Aires y los pondría á disposición de la justicia eclesiástica.
Hasta ese momento Don Antonino Reyes no había cumplido con la órden de hacer poner grillos á Camila”. (…).
[De pronto llegó un correo desde Palermo]
(…).
Era la órden que Rosas le daba para la ejecución de Gutiérrez y Camila, no permitiéndoles mas que unos cortos momentos de tiempo para que se dispusieran á recibir los auxilios espirituales; (…).”
“Reyes salió de su pieza, dio algunas órdenes y volvió para poner en planta el último recurso que se le presentaba para salvar á Camila. Recordó lo que habían hablado con Manuelita ocho meses atrás, cuando tenía lugar la fuga y le escribió una carta, comunicándole la órden que acababa de recibir, para que intercediera por la desgraciada joven que se encontraba en cinta. Al mismo tiempo se permitió hacer presente a Rosas, que Camila estaba embarazada.
Este recurso lo empleaba Don Antonino Reyes, dudando de la verdad de la situación de Camila; porque no lo manifestaba el cuerpo de la joven ni se advertían indicios de semejante preñez; si lo había, ella no podía ser sinó muy reciente; pero como tal causa servía en aquel momento para salvarla, la alegaba poniéndose de acuerdo con el médico del campamento Dr. Martínez.
El chasque voló. Llegó á Palermo y entregó la carta para Manuelita al oficial escribiente que estaba de guardia. Este, en vez de llevarla á su desino se la entregó á Rosas.
Impuesto éste del contenido se la devolvió á Reyes con una carpeta, haciéndole fuertes cargos por haber demorado y dispuesto de un tiempo que debía haber empleado en dar cumplimiento á una órden terminante del Gobernador de la Provincia.
No quedaba qué hacer.
(….)
[Reyes encargó a los mayores Vicente Torcida y Marcos Rubio de hacer cumplir la orden del gobernador]
El presbítero Castellanos manifestó á Torcida: que habiendo expuesto Camila estar embarazada, él tenía que bautizar la criatura porque así se lo imponía su ministerio. En efecto, procedió á hacer tomar á la joven unos tragos de agua bendita, con lo cual creyó cumplido su deber”.
(…).
“Los encargados de llevarlos al suplicio, para que no se sintiesen el uno al otro, acomodaron á cada uno de los reos en una silla, la cual suspendida á pulso por dos hombres, facilitaron la marcha y les ahorraba sufrimientos”. (…).
“Reyes se retiró á la pieza. El trecho á recorrer de los calabozos al lugar de la ejecución era corto. En el patio que queda al este de la cárcel de Santos Lugares, rodeado entonces de un muro, allí, en el último de sus estremos se encontraban los banquillos.
Una descarga puso fin á la existencia de esos dos amantes desgraciados. La consternación era general en todo el campamento, Reyes se mantuvo encerrado en su alojamiento, sumamente impresionado.
Acordándose de que algún día los restos de estos infelices serían buscados por sus deudos, Don Antonino hizo encerrar los cadáveres en un cajón, con una división interna y les dio sepultura.
Fue así como terminó esta trájica historia de Gutierrez y Camila.” [Bilbao, Manuel. Memorias del edecán de Rosas.]
Treinta y seis años después, Julio Llanos (1858 - 1932) escritor y periodista argentino, a sus 26 años publicó, lo siguiente sobre el fusilamiento:
“(…).
El ruido del tambor anunciaba la proximidad de la tropa.
Desde la puerta de la crujía marchó á golpe de paso.
Los soldados, graves y silenciosos ocuparon sus puestos: eran tres compañías.
El Capitan Lopez de Velazco cerraba el cuadro por izquierda.
Por derecha José Olegario Gordillo, y por el frente Anastasio Romero, teniente.
Santiago Branizan, hijo de San Nicolás de los Arroyos, mandaba el pelotón encargado de hacer fuego sobre Camila.
Componíanlo los siguientes soldados:
Manuel Debien.
Nicolás Gutierrez.
Manuel Fernandez.
Pedro Crespo.
Miguel Bibalsan.
Bonifacio Doéstico.
Estos eran españoles. Argentinos:
Calixto Ludueña,
Roque Murúa,
Juan Gomez,
Agrio,
Habíanlos colocado de 4 en fondo y los dos restantes á los costados.
Encontrábanse dentro del cuadro: el Coronel Juan Genaro Chaves y el Mayor Torcida, Marco Rubio, jefe de dia, y el mayor Pedro Cano.
Reyes se paseaba fuera del cuadro.
Los banquillos estaban separados por unas diez ó doce varas y colocados á dos de distancia de la pared.
Dos ventanas de las prisiones caian al patio donde iba á tener lugar la ejecución y por ellas asomaban los rostros con temerosa curiosidad, y alternativamente, unos 1500 presos que las habitaban entonces.
Llegó la hora fatal y con la exactitud con que se cumplían tales órdenes, se avisó á los reos que debian marchar al suplicio.
(…), cuatro presos y algunos soldados se detuvieron á la puerta trayendo sobre unos palos una especie de sillón para evitar á Camila la fatiga de caminar con grillos.
(…) [el cura] Castellanos, mas emocionado que ella, se puso también de pié y la ayudó á sentarse; vendáronle los ojos, y la fúnebre comitiva caminó lentamente.
En ese instante, sacaban tambien, y de la misma manera, á Uladislao.
Apenas habian dado cuatro pasos los que conducían a Camila, cuando ésta dejó oir su voz vibrante impregnada de emoción y de ternura.
(…).
Llegaban ya al banquillo.
(…).
--Camila, qué haces? dijo Gutierrez que había oido su voz mientras lo sujetaban con fuertes ligaduras al banquillo.
La jóven se estremeció poderosamente.
---Yo muero? Y tú?
---Yo tambien muero
-Nuestro hijo está bautizado (…).
Mientras pronunciaba estas palabras la ligaron al banquillo con un apresuramiento comunicado por la emoción de los que lo ejecutaban.
[La última palabra de Uladislao] le fue cortada de los labios de la mano de Gordillo, que mandó redoblar, haciendo al mismo tiempo señal de fuego, y cuatro balas rompieron el pecho de aquel desgraciado, que hizo un movimiento violento y siguió estremeciéndose con las postreras convulsiones.
La horrible detonación de la descarga hirió á Camila que lanzó un grito, diciendo á Castellanos:
---Padre! padre¡ acérquese, no me abandone.
Branizan hacia señas á sus hombres: éstos apuntaban sin, que sus dedos temblorosos tiraran el gatillo.
Los amenazaba con el gesto y con la voz: sonaron tres tiros.
Camila herida, aunque no mortalmente, se agitó con violencia y su cuerpo mal atado se desprendió del banquillo, quedando en alto una mano que se agitaba señalando al cielo.
Los tacos le incendiaron el vestido: la sangre de sus heridas se desprendió con fuerza de su cuerpo, llegando hasta manchar el pañuelo que tenía Branizan en la mano.
[Algunos soldados le tiraron agua de baldes para apagar el fuego de su vestido blanco].
Branizan ordenaba furioso una segunda descarga á los soldados de reserva.
Estos dispararon sus fusiles.
Camila recibió nuevas heridas, pero su cuerpo seguía agitándose poderosamente en un chaco de agua y sangre.
El soldado Ludueña cayó de rodillas tapándose los ojos y dejando que las lágrimas surcaran su rostro varonil.
Gomez, daba la espalda á aquel cuadro de horror.
Otros habían dejado caer sus fusiles.
Agrio, que no había descargado su fusil, echó atrás la gorra con un movimiento desesperado, y avanzó sin órden de nadie, hasta colocar la boca de su arma en la sien de la jóven.
Ladeó el rostro y oprimió el gatillo partiendo el cerebro de aquella infeliz que dejó instantáneamente de agitarse.
(…).
Reyes habia hecho traer esa mañana temprano un cajón de fusiles del Parque de Santos Lugares, y le habia mandado colocar una tabla divisoria.
Allí colocaron sus cuerpos que fueron enterrados en la Capilla de Santos Lugares.
(…).” [Llanos, Julio. Camila O’Gorman. Escrito para “La Patria Argentina”. Buenos Aires, Imprenta de La Patria Argentina, 1884.]
El autor de esta fuente literaria, al principio y final de su obra publicada en forma de folletín, dejó aclarado que para la misma utilizó datos y documentos desconocidos y tres testigos oculares del hecho.
Cinco días después de los fusilamientos, el diario Comercio del Plata, en su edición Nro. 791 Año III, publicó en Montevideo, en su página 3 lo ocurrido en el campamento militar y cárcel de Los Santos Lugares de Rosas.
Bajo el título de ¡HORRIBLE! ¡HORRIBLE! ¡HORRIBLE!, su director Valentín Alsina, unitario exilado, escribió:
“(…).
El clérigo Gutierrez, ex-cura de la parroquia del Socorro, en Buenos Ayres, seduce á una jóven de 22 años, hija de muy decente familia: huye con ella: se fija en la provincia de Corrientes: es despues descubierto y denunciado allí por el clérigo irlandés, Mr. Ganon: se le conduce preso á poder de Rosas, con la jóven: y apenas llegado, es fusilado en el campamento militar de Santos Lugares, el viernes 18 del corriente, á las 10 de la mañana: y JUNTAMENTE CON EL CLERIGO, ES FUSILADA LA INFORTUNADA JOVEN, Y ES FUSILADO IGUALMENTE EL SER INOCENTE QUE LLEVABA EN SU SENO (…).”
¿Dónde están los restos de Camila y Uladislao?
Esta historia de amor, no sólo tuvo un fin trágico que para la mentalidad de la época buscaba ser “ejemplificador” para toda la sociedad sino que carga con otra singularidad ¿dónde están los restos de ambos cuerpos?
Antonino Reyes, en sus Memorias, dejó escrito que hizo colocar los cadáveres en un cajón. Pero no indicó el destino de inhumación.
J. Llanos, sí mencionó que fueron al cementerio de los Santos Lugares. Aunque en el libro de inhumación de la parroquia local, Jesús Amoroso, no está asentado ese ingreso.
Empezando con el cuerpo de Uladislao, no hay nada certero y documentado sobre el mismo. No existen. Desaparecieron.
Sobre el cadáver de Camila, sí tenemos más información.
En 1856, Domingo Faustino Sarmiento redactó la Campaña en el Ejército Grande Aliado de Sud América. Él había sido el boletinero de esas tropas, compuestas por argentinos, brasileños y uruguayos.
En esos apuntes, escribió:
“Siguiendo a la aventura, inspeccionándolo todo, llegué a Santos Lugares, donde me incorporé con el General en Jefe, a quien un momento antes había tenido ocasión de felicitar. (…). Algunos amigos fueron a visitar la tumba de Camila O’Gorman, y oyeron del cura los detalles tristísimos de aquella tragedia horrible del asesinato de esta mujer. El oficial que le hizo fuego enloqueció, y en la vecindad quedó el terror de un grito agudísimo, dolorido y desgarrador que lanzó al sentirse atravesado el corazón. (…) [Sarmiento, 1958, pp. 204 y 206]
Por lo tanto se deduce, que para febrero de 1852 el lugar de inhumación estaba en los Santos Lugares.
Sin embargo, el Museo Histórico Provincial de Santa Fe Brig. Gral. Estanislao López, posee un documento original que dice:
“Viva la Confederación Argentina
Mueran los salvajes Unitarios
La Encarnación, Palermo, Buenos Aires. Agosto 18, 1848.
Al Señor Comandante de Santos Lugares. Don Antonino Reyes
De acuerdo con las instrucciones que fecha de ayer le fueron remitidas, sírvase notificar al Sr. Capitán Salas que la ejecución ordenada debe efectuarse en esta misma fecha a las 10 ante medio día. Por esta misma ordenará Usted al Sr. Teniente Coronel D. Pedro Cano, se presente de inmediato al Cuartel General de la Encarnación. Respecto al cuerpo de Camila, contrariamente a lo dispuesto será llevado hasta la estancia de Luna donde allí se le dará sepultura. D. G. U.
Nicolás Mariño”
De esta comunicación podemos colegir que hubo al principio una instrucción sobre dónde colocar el cadáver que inmediatamente fue cambiada. La gran duda que origina este documento es saber quién fue Luna y dónde estaba su estancia. Tema aún no resuelto.
La lógica hace pensar que la estancia estaba cerca del campamento, que Luna era una persona conocida para Antonino, para que con el solo apellido, el receptor supiera a quién se refería.
Sin embargo tenemos un tercer documento que está en el Libro 7 de Mujeres 1849 a 1853, en la secretaría del cementerio de Recoleta que dice:
“Los restos de Da. Camila Ogorman que con fha 2 [septiembre] del Corrte, fueron trasladados de Palermo á este Cementerio por orden del Señor Gefe la que existe en poder del hermano y se depositaron en la Boveda de la Familia Sn. 9ª .---3ª calle”.
Corría el año 1852, ya habían pasado 7 meses de la batalla de Caseros. Rosas y su familia estaban exilados en Inglaterra. Y Urquiza, que se había instalado en el caserón de Palermo, estaba en viaje hacia Santa Fe para inaugurar el congreso que redactaría la constitución nacional.
La mamá de Camila, Joaquina había fallecido cuatro meses antes.
Cuando se refiere al “Gefe” hace referencia a Miguel José de Azcuénaga, jefe de policía bajo cuya gestión estaba el control del cementerio.
La bóveda pertenecía al hermano Enrique y en la parte superior dice “Familias O’Gorman i Isla”
La bóveda fue utilizada por los O’Gorman hasta el 10 de julio de 1984. Luego quedó en desuso y su infraestructura se deterioró sensiblemente.
En el año 2024, la Gerencia del Cementerio, utilizando la normativa vigente, decidió arreglar la bóveda, para evitar afectar a terceros.
Primero en el mes de agosto y luego en noviembre, la bóveda fue vaciada sacándose cajones, urnas y huesos que están el piso del subsuelo. Todo fue llevado a un depósito en el cementerio de Chacarita.
Fueron encontradas trece placas identificatorias de O’Gorman.
Quedó una urna de madera bastante grande de la cual se extrajo una sola placa, pero no se revisó más hacia adentro por la poca estabilidad (en agosto) de la estructura.
NO apareció la placa de Camila, como tampoco de otros O’Gorman, cuyos ingresos están confirmados a esa bóveda.
Como el libro de inhumaciones utilizó la palabra restos, suponemos que Camila entró en una urna.
También es llamativo que la procedencia diga Palermo. Para 1852 era el nombre del Caserón de Rosas: Palermo de San Benito y sus alrededores
Deseamos que esa urna no revisada totalmente nos desvele el misterio.
Conclusión
¿Por qué, después de tantos años, un fusilamiento de una joven pareja, ocurrido en 1848, sigue despertando tanto interés? Potenciado hoy por las redes virtuales.
Y segundo, ¿cuál es el objetivo de esta nota?
Quizá la respuesta más simple a la primera duda sea, que fue un acto violento, como lo era la época, contra el amor de dos jóvenes.
Pero este sentimiento, tuvo el condimento que la relación entre Camila, miembro de una familia federal con personajes relevantes en el país desde el XVIII, antepasados en la nobleza francesa, con propiedades inmuebles, un hermano sacerdote y emparentada con otras familias tradiciones porteñas haya cometido el “error” de “enamorarse” e “irse” de la ciudad de Buenos Aires, haciendo público la relación.
Quizá el exceso de honestidad los llevó a no hacer lo mismo que hacían miembros otros hombres –incluso del clero- de tener amantes, barraganas bajo el rol de sirvientas en sus casas. Pero en esos casos, la asimetría era inversa a lo sucedido entre Camila y Uladislao. Los otros, eran hombres de la alta burguesía que “ocultaban sus amoríos y a veces con descendencia” con mujeres de un menor nivel social y cultural.
En nuestro caso, Uladislao era un párroco ubicado en un curato extra muros, en una iglesia de asistencia humilde y sus orígenes –hasta donde hemos averiguado- también eran sencillos-. Camila, representaba lo opuesto.
Y ante la posibilidad de vivir secretamente sus encuentros, decidieron abandonar la capital. Quizás, también, porque, ya había un inicio de embarazo. Porque si nos atenemos a los que publicaron los unitarios, ella estaba de ocho meses en agosto de 1848.
Además, él se llevó las limosnas del Socorro, como está informado a la Santa sede por las autoridades eclesiásticas locales.
No importaba que otros grandes personajes de la historia argentina del siglo XIX, hayan tenido hijos extra matrimoniales, como Urquiza, Rosas, el soltero Manuel Belgrano, un hermano cura del creador de la bandera, el soltero de Sarmiento. Sólo por dar unos pocos ejemplos ilustrativos.
En casi todos ellos la relación era poder superior sobre mujeres de bajo nivel.
Camila-Uladislao, repetimos, quisieron ser genuinos, honestos y al mismo tiempo osados. No evaluaron las consecuencias.
Pero se animaron a romper con los cánones del patriarcado, con la verticalidad de la Iglesia y contra el poder omnímodo de Rosas.
Que para ser intelectualmente sinceros, si hubiera sido otro el gobernador, el accionar seguramente hubiera sido parecido. No creemos, que haya sido igual.
La normativa imperante a mediados del siglo XIX, la presión que ejercieron los unitarios sobre el gobernador bonaerense y el escándalo y sorpresa que corrió por la columna vertebral de la sociedad, jugaron en contra de la pareja, más el golpe de mala suerte de ser identificados, a tantos kilómetros de Buenos Aires, por un sacerdote que estaba de paso de Goya hacia Corrientes capital.
Para agosto de 1848, el suceso estaba como dormido, casi olvidado.
ió lo que él había ordenado en enero de ese año y decidió enviarlos al triste campamento de los Santos Lugares. Había que fusilarlos.
Nota aclaratoria: se respetó la grafía original de los documentos.
Profesor en historia Héctor Daniel De Arriba.
Canning-Ezeiza
17 de agosto de 2026
Autor de las siguientes obras:
Presbítero Miguel Gannon ¿culpable o inocente?
Enrique Martín O’Gorman, el hermano policía de Camila
Cuatro curas y una mujer, Camila O’Gorman
Antonino Reyes: edecán y carcelero de Rosas.
Autorizo la difusión total de esta investigación hasta 3 (tres) partes.