Roberto Ávila atravesó la alta montaña de Malargüe en medio de una nevada histórica para llegar hasta los animales que habían quedado atrapados. Con la ayuda de sus caballos y su perro, logró ponerlos a salvo tras una larga travesía.


Cuando Roberto Ávila volvió al puesto eran las cuatro de la tarde. Habían pasado unas seis horas desde que salió a caballo rumbo a la montaña. Lo esperaba una travesía corta en kilómetros, pero larguísima por las condiciones del terreno.
La nieve, que en algunos sectores superaba el metro de altura, había convertido un recorrido habitual en una misión de rescate. Del otro lado estaban sus 18 vacas.
“Ya estamos de regreso en el puesto. Todo bien, gracias a Dios las pudimos sacar”, escribió apenas regresó, vía WhatsApp. Después resumió la jornada en una frase que explicaba por qué había valido la pena el esfuerzo: “Recuperé a las 18 vacas con la ayuda de los caballos y la compañía del perro”.
La misión era urgente: los animales habían quedado aislados por el temporal en un sector alto de la cordillera, rodeados de nieve y con dificultades para alimentarse. Si permanecían allí demasiado tiempo, el frío extremo y la falta de pasturas podían poner en riesgo su vida.
Por eso, mientras buena parte de Mendoza seguía las imágenes de la histórica nevada desde las ciudades, Roberto emprendió un operativo que forma parte de una tradición silenciosa de los puesteros cordilleranos: salir a buscar el ganado antes de que el invierno gane la pulseada.
Una distancia corta que demandó toda una jornada
Las vacas no estaban lejos del puesto. En un día normal, llegar hasta ellas hubiera sido un trámite. Pero el temporal cambió por completo sus planes.
Desde la mañana, Roberto avanzó acompañado por varios caballos y por su perro. Los animales fueron fundamentales para abrir huella sobre la nieve profunda y permitir el paso del resto de la tropilla: “Los caballos conocen el lugar. Van adelante haciendo camino”, explicó.
Calculó, aproximadamente, una hora de recorrido por sectores donde aún podía verse el suelo y tres de a cuatro kilómetros cruzando nieve acumulada hasta que pudo alcanzar el corral donde habían quedado las vacas. Todo el trayecto duró seis horas.
Después venía la parte más difícil: lograr que los animales caminaran de regreso. Para ello, la tarea consistía en bajarlos hasta una zona cercana al puesto, donde la nieve es menos profunda y todavía pueden encontrar alimento.
Vivir donde el invierno manda
Es el segundo invierno que Roberto pasa en el puesto de montaña, ubicado a unos 37 kilómetros al oeste de Las Loicas que sigue la ruta provincial 226, camino al paso internacional Vergara.
Las Loicas es una pequeña localidad del departamento de Malargüe, en el extremo sur de Mendoza, muy cerca de la frontera con Chile. La zona forma parte de la alta montaña y cada invierno queda expuesta a nevadas intensas, temperaturas bajo cero y caminos que muchas veces permanecen intransitables durante días.
Allí el invierno se vive de otra manera, con mucha más planificación: antes de que llegue la nieve, hay que almacenar leña, combustible, alimentos para las personas y también reservas para los animales. La previsión forma parte de la rutina.
Sin embargo, esta vez las provisiones no alcanzaron para evitar los desafíos del frío extremo. Aunque había logrado bajar gran parte del ganado antes de la tormenta, 18 vacas quedaron aisladas cuando la nevada terminó cerrando todos los accesos.
Un temporal que todavía no termina
El rescate ocurrió mientras la cordillera mendocina seguía bajo los efectos de uno de los temporales de nieve más importantes de los últimos años.
Las intensas nevadas crean complicaciones en distintos sectores de la alta montaña, con acumulaciones excepcionales, temperaturas extremas y dificultades para circular. Los pronósticos indican que las condiciones invernales continuarán en los próximos días, por lo que muchas zonas seguirán siendo de difícil acceso.
Para los puesteros como Roberto, esa realidad forma parte del oficio. No hay máquinas que puedan reemplazar la experiencia de quienes conocen cada sendero de la montaña. Tampoco aplicaciones que indiquen cuál es el mejor camino cuando la nieve borra todas las huellas.
La ayuda llegó por parte de caballos acostumbrados a la cordillera, un perro que acompañó toda la travesía y un hombre que salió temprano porque sabía que no podía esperar.
Seis horas después regresó con las 18 vacas. Y con un mensaje breve -pero suficiente- para quienes aguardaban noticias desde el llano: “Gracias a Dios las recuperamos”.