La comparación interanual refuerza ese diagnóstico. En los últimos doce meses, los alimentos en el Nordeste subieron 38,4%, con incrementos muy por encima del promedio en algunos segmentos. La carne, nuevamente, encabezó las subas con un 61,5%, mientras que las frutas alcanzaron un 48,1%.
La dispersión entre rubros marca además una fuerte volatilidad en los precios de los alimentos frescos, que suelen estar más expuestos a factores estacionales y a variaciones en los costos de producción y distribución.

El informe del INDEC no solo refleja el comportamiento de los alimentos, sino también un giro en la dinámica inflacionaria general de la región. En marzo, el NEA registró un 4,1% de inflación mensual, ubicándose nuevamente como la región con mayor suba del costo de vida en el país.
El dato adquiere relevancia porque corta una racha de más de un año y medio sin superar el umbral del 4%. La última vez que el Nordeste había alcanzado un nivel similar fue en agosto de 2024, cuando marcó un 4,4%. A partir de entonces, se había consolidado un proceso de desaceleración que se extendió durante el resto de ese año y a lo largo de 2025, generando expectativas de mayor estabilidad.
Sin embargo, los números del primer trimestre de 2026 muestran que esa tendencia perdió fuerza. Entre enero y marzo, el NEA acumuló una inflación del 11,5%, nuevamente la más alta del país y por encima del 9,4% del promedio nacional. Este diferencial refleja que la región continúa enfrentando mayores dificultades para contener la suba de precios.
En la comparación interanual del nivel general, el NEA también se mantiene entre las zonas más afectadas. Con un 33,4%, se ubicó apenas por debajo del máximo nacional (33,5%), lo que confirma una presión inflacionaria persistente y una dinámica más intensa que en otras regiones.
El protagonismo de los alimentos en la suba de precios no es un dato menor. Se trata del rubro con mayor incidencia en la canasta de consumo de los hogares, especialmente en los sectores de menores ingresos, donde representa una porción significativa del gasto mensual.
En este contexto, el encarecimiento sostenido de productos como la carne, las verduras y las frutas tiene un efecto directo sobre el poder adquisitivo. A diferencia de otros bienes o servicios, estos productos son de consumo cotidiano y difícil sustitución, lo que limita la capacidad de las familias para ajustar sus gastos frente a los aumentos.
Además, la dinámica observada en el NEA sugiere una mayor sensibilidad a factores como los costos logísticos, la estacionalidad y la estructura de comercialización, que pueden amplificar las subas respecto de otras regiones del país.