El presbítero Juan Carlos Mendoza, vicario general de la Diócesis de Goya y párroco de Nuestra Señora de Itatí y San Pantaleón, reflexionó en su habitual catequesis radial sobre el sentido de la Pascua y la celebración del Domingo de la Divina Misericordia, que tiene lugar el segundo domingo de Pascua.

El padre Mendoza destacó que "hemos comenzado este tiempo hermoso para el cual nos habíamos preparado durante la Cuaresma y que hemos vivido intensamente en la Semana Santa".
Recordó que "la Pascua es el paso que dio Jesucristo de la muerte a la vida", y dijo "Jesús verdaderamente ha resucitado, vive con nosotros, está entre nosotros", lo que convierte este tiempo en una etapa "de gozo y de alegría".
Valoró la participación de numerosos jóvenes en el Retiro Pascua Joven durante la Semana Santa. "Uno ve cómo el Señor es el alfarero, que moldea la vida y renueva el corazón. Salen con un espíritu renovado para enfrentar la vida", expresó.
El padre Mendoza insistió en que la Pascua es "un tiempo de alegría, gozo y esperanza", e invitó a renovar la confianza en Cristo Jesús, "que es quien da sentido a nuestras vidas".
Remarcó: "Lo primero que dice es 'la paz esté con ustedes', y luego sopla el Espíritu. El corazón humano desea la paz y el mundo está necesitado de ella".
Explicó que la falta de paz "enferma el ambiente y genera conflictos", por lo que recordó las palabras del Evangelio: "Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios".
El Domingo de la Divina Misericordia, es "un regalo inmenso del amor de Dios para cada uno de nosotros". En ese contexto, invitó a contemplar a Jesús misericordioso que, en el Evangelio, se presenta a sus discípulos con una palabra que "sana y renueva".
También hizo referencia a la figura del apóstol Tomás Apóstol, quien duda de la resurrección, y señaló que "Jesús no lo rechaza, sino que sale a su encuentro", lo que enseña que "incluso en nuestras dudas, heridas o pecados, el Señor se acerca con misericordia".
Recordó que en los templos, durante este tiempo, preside el Cirio Pascual como signo de Cristo resucitado, "que viene a iluminar tanta oscuridad".
"Él es nuestra esperanza, porque siempre hay una luz. Tenemos que creer que Cristo está vivo y camina con nosotros, nunca nos abandona", afirmó.
"Con Cristo nuestra vida tiene sentido; sin Él, estamos sumidos en la tristeza, el vacío y el sin sentido. Si Cristo está vivo y vive en nosotros, todo cambia", concluyó.