Tal como ya es habitual, se entregaron distinciones a veteranos y a civiles ligados a la gesta. Hubo soldados, suboficiales y oficiales cuyas actuaciones en la guerra fueron especialmente recordadas. También recibieron diplomas tres civiles.


En el histórico Salón Azul del Congreso de la Nación volvió a ocurrir el milagro: se respiró aire puro malvinero, donde la piel se estremecía sola, no había forma de que la emoción no dominase y que nada impidiese que la lágrima sincera y sentida no se dejase ver. Fue en el marco de “Malvinas, Epopeya Nacional – Homenaje a los héroes de la gesta”, organizada por la dirección de la Gesta de Malvinas del Senado.
En esta oportunidad, entre los 16 distinguidos hubo ocho veteranos de Ejército, tres de Fuerza Aérea, dos de la Armada, y los tres restantes son civiles: una radiooperadora de 19 años del buque San Blas, dos radioobservadores y Daniel Hadad, fundador y CEO de Infobae, quien cuando estalló el conflicto se había anotado como voluntario.
El acto en cuestión se realiza cuatro veces al año, y en la tarde de ayer se desarrolló el primero, que coincide con la cercanía del 2 de abril. El siguiente será en junio, mes en que terminó la guerra; hay otro en agosto que remite a la figura de José de San Martín y el último, el de noviembre, se hace en consonancia al combate de la Vuelta de Obligado.
Nicolás Kasanzew, director de La Gesta de Malvinas, destacó que “Malvinas es una epopeya nacional, porque Argentina era un país de tercer o cuarto grado y se enfrentó a una potencia mundial”. Remarcó que entonces todo el país estaba cohesionado tras las recuperación de las islas, y recordó declaraciones de personalidades de la talla de Raúl Alfonsín, Ernesto Sábato y Félix Luna. “Ninguno fue a pelear por Galtieri, sino que lo hizo por el uniforme de San Martín y por la bandera de Belgrano”, destacó.
El capitán Ricardo Manuel Frecha, de la Compañía Comandos 601, habló en nombre del Ejército. Señaló que “fue un orgullo participar en esa gesta y lo volveríamos a hacer”, remarcó.
Recordó que los veteranos tuvieron diversos reconocimientos, y destacó que “los verdaderos héroes fueron nuestros conscriptos, los que estuvieron en los pozos, llenos de agua, mal alimentados, pensando que tal vez esa era la última noche de su vida, y que no siempre fueron reconocidos”.
Por la Armada, el entonces comandante del submarino Santa Fe el capitán de navío Horacio Bicain aseguró que le constaba que “la idea de Gran Bretaña era la de venir a pasear a Malvinas, que estarían solo unos días y volverían a casa. Nunca se imaginaron la cantidad de buques hundidos y averiados que tendrían, así como las bajas, cuestión que es información clasificada por muchas décadas más”. Pronosticó que Malvinas argentinas volverán a ser nuestras porque las colonias es un concepto antiguo que está desapareciendo en el mundo.
Alberto Filippini, brigadier retirado, en representación de la Fuerza Aérea, pidió recordar a “los 55 halcones que cayeron, ellos son los verdaderos héroes”. Admitió que mucho se improvisó y que con el armamento adecuado, otro habría sido el desenlace.
En representación de los civiles y voluntarios, habló Daniel Hadad, fundador y CEO de Infobae.
Contó que cursaba el cuarto año de Derecho en la Universidad Católica Argentina y que el 2 de abril de 1982 lo sorprendió en la sede de esa casa de altos estudios en Moreno y Defensa. Junto con algunos de sus compañeros, coincidieron que no podían permanecer ajenos ante tamaño acontecimiento, y se anotaron para ir a pelear a las islas como voluntarios. “Es un sentimiento difícil de racionalizar”, explicó.
Confesó su frustración al ver que su sueño de recibir la cédula de citación, no se cumplió.
Remarcó “el olvido, la desmalvinización y las calumnias” de las que fueron objeto algunos de los veteranos, y que para él es incorrecto dirigirse a ellos como “los chicos de la guerra, ya que fueron hombres”.
“Gracias por este reconocimiento, pero no es para mi, sino para los 649 caídos, para sus familiares y para los que regresaron: ellos son los verdaderos distinguidos”. Para cerrar, subrayó que “aprendí a respetarlos. Ellos merecen nuestra gratitud, ya que son miembros vitales e irrepetibles de la historia argentina”.
En los fundamentos del reconocimiento, se destacó que en Radio 10 puso al aire el primer programa dedicado a Malvinas y que además, que fue el organizador del primer gran homenaje a los caídos y ex combatientes, llevado a cabo en el Campo Argentino de Polo el 2 de abril del 2000.
Durante el acto, se proyectó un fragmento de la filmación registrada por Alfredo Lamela, el camarógrafo de Kasanzew en la guerra, mostrando a los obuses Oto Melara de 105 disparando sin parar, y donde se escucha en más de una oportunidad repetir el apellido “Rodríguez”. Lo curioso es que y por mucho tiempo pocos sabían quién era. Uno de los distinguidos en el acto fue el entonces cabo Odín Rodríguez. Muchos, como no podía ser de otra manera, corearon su apellido.
Otro de los momentos más emotivos fue en el cierre, cuando se reconoció al primer teniente Luciano Guadagnini, caído en combate. Lo recibió su viuda Graciela Cabrera y su hija Andrea Verónica. Al agradecer la distinción, ésta última aseguró que su papá “eligió servir a la patria con honor. Nosotros vivimos con su historia y, gracias a sus compañeros y amigos, pudimos conocer al hombre que había detrás del héroe”.
Las historias de los homenajeados
El cabo Juan Antonio Barroso quien, durante la noche del 12 al 13 de junio, cubrió en la retirada en el Monte Dos Hermanas a los soldados del cabo primero Irigoitía y dio apoyo de fuego a una compañía del Regimiento 4 de Infantería, disparando con su mortero como si fuera un fusil, manejándolo con sus propios brazos.
El submarino Santa Fe, comandado por el entonces capitán de fragata Horacio Bicain, rechazó en Grytviken un ataque de seis helicópteros artillados con fuego reunido de fusiles; el enemigo reconoció que por lo menos dos de sus aeronaves fueron averiadas.
El soldado Martin Bourdieu, quien participó del contraataque en Wireless Ridge, en la posguerra se especializó en psiquiatría, se convirtió en un referente mundial en sindrome de estrés postraumático y se dedicó a atender a veteranos. Actualmente es Director del Centro de Salud Mental “Malvinas Argentinas” de las Fuerzas Armadas.
Integrando la Compañía de Comunicaciones Mecanizada 10, el suboficial Ricardo Chiapa, cuidó a sus soldados, posicionados en las afueras del cuartel de Moody Brook, como si fueran sus propios hijos. Cuando otros jefes hacían mutis por el foro -como se señaló en el acto- Chiapa fue herido mientras recorría todos los pozos de zorro, bajo los bombardeos aéreos y navales del enemigo, conteniendo y alentando a los soldados.
Enrique Culasso fue uno de los legendarios soldados conscriptos del teniente Roberto Estévez, En medio de una lluvia de proyectiles en la batalla de Darwin, dejó su posición para ir a buscar los cohetes para el lanzacohetes. Esos hombres detuvieron el avance de los ingleses por cinco horas.
Alberto Filippini, siendo primer teniente de la Fuerza Aérea Argentina, en el Estrecho de San Carlos el 21 de mayo, al frente de una escuadrilla puso fuera de combate a la fragata misilistica “Argonaut”. El piloto pasó rasante tan bajo, que le arrancó una antena al buque. A bordo de su Skyhawk A4B, participó en cinco misiones. En una, un proyectil antiaéreo alcanza su avión y le voló la nariz al aparato.
El capitán Ricardo Manuel Frecha, de la Compañía Comandos 601, participó en numerosas misiones, amén de haber sido el creador del Grupo de Emboscadas Antiaéreas, el cual con efectivos armados de lanzamisiles portátiles Blow Pipe, abatió a un cazabombardero Harrier en la Gran Malvina.
Cuando en el Monte Dos Hermanas el subteniente Marcelo Llambías había quedado rodeado de enemigos, el soldado Eduardo González descargó sus 20 tiros de su fusil automático pesado contra el enemigo, lo que posibilitó que el oficial saliera de su encerrona.
Con las últimas luces del 21 de mayo, el hoy comodoro Luis Longar, piloto de un helicóptero Bell 212 logró dar con el mayor Carlos Toma, piloto de Pucará, quien debió eyectarse, y del que no se tenía una ubicación concreta. Longar también participaría del rescate de los náufragos del guardacostas Río Iguazú.
El timonel Miguel Oroño pertenecía al Aviso Alférez Sobral, seriamente atacado por helicópteros enemigos cuando iba al rescate de dos pilotos eyectados. La nave sufrió ocho muertos, y Oroño pudo sacar al buque de la zona de peligro.
En el combate de Monte Longdon, donde el Regimiento 7 sufrió graves bajas, la Primera Sección de la Compañía de Ingenieros 10 del teniente Quiroga avanzó contra toda una compañía británica, que les disparaba con sus ametralladoras y morteros, mientras eran bombardeados por la artillería naval. La sección tomó la tercera y la segunda hoya del monte, y combatió durante más de dos horas, creando un paraguas de fuego que facilitó el repliegue de los hombres, muchos de ellos heridos.
Al mando del teniente primero Luis Antonio Caballero, durante 60 horas los cañones Oto Melara de la Batería A del Grupo de Artillería 3 mantuvieron un duelo de artillería con el enemigo, con el riesgo de que los obuses estallaran por el recalentamiento. Uno de los artilleros era el cabo Odín Rodriguez.
Con apenas 19 años, Mariana Florinda Soneira decidió quedarse a bordo del buque San Blas cuando comenzaron las hostilidades. Fue radiooperadora de una nave que navegaba, indefenso, sin luces y en silencio radioeléctrico en medio del Atlántico Sur. Ella hacía escucha permanente y se decodificaban los mensajes que recibía.
Tras el primer ataque de los británicos el 1 de mayo de 1982, Terciano Zampieri y Julio Rotea, dos radio observadores civiles de la Fuerza Aérea, se negaron regresar al continente y siguieron con su mision, aún durante el combate de Pradera del Ganso, donde participaron de la defensa de la Base Aérea Cóndor.
El 23 de mayo el primer teniente Luciano Guadagnini, como integrante de una escuadrilla de cuatro aviones Skyhawk A-4B, fue atacado en el Estrecho de San Carlos por la defensa antiaérea de las fragatas británicas, y el fuego enemigo alcanzó su avión en su ala derecha. En lugar de eyectarse, lanzó su bomba, que impactó a la fragata Antílope, y también estrelló su propio avión contra el buque británico, lo cual causó su hundimiento al explotar la bomba cuando intentaban desactivarla. Por tales motivos, recibió un reconocimiento post mortem.
El cierre fue en las escalinatas del Congreso, con una foto grupal, en medio de los sones de la marcha de Malvinas y muchos “vivas a la Patria”. Como en 1982, cuando defendieron el suelo malvinero.