Tres delincuentes encapuchados y vestidos con ropas de trabajo irrumpieron en la Estancia San Manuel del paraje Yurucuá. Melchor Baltazar Díaz, de 75 años, fue acribillado frente a su esposa. El hecho ocurre en medio de una escalada de violencia rural que pone bajo la lupa el accionar de cuatreros en la zona de Alvear y La Cruz.

Eran cerca de las 20.30 cuando Díaz y su concubina, Laura Beatriz Romero (72), se disponían a cerrar los portones de la Estancia San Manuel. Acababan de guardar su camioneta, una Ford Ranger gris (dominio LUI 745), cuando la oscuridad del despoblado expuso a tres hombres con el rostro cubierto y vestidos con el clásico uniforme de grafa gris, mimetizados con la peonada de la zona.
Tres disparos y el finalSin mediar demasiadas palabras, la violencia fue directa. Según el desgarrador relato de Romero, detallado en las diligencias policiales a las que tuvo acceso el diario EL LIBERTADOR, se escucharon al menos tres detonaciones. Dos de los proyectiles impactaron de lleno en el cuerpo de Díaz: uno en el tórax y otro en el muslo derecho. No conformes con el ataque armado, los delincuentes le propinaron un golpe feroz en la cabeza antes de encerrar a la mujer en uno de los dormitorios.
Con la situación controlada y el dueño de casa agonizando, los maleantes revisaron cada rincón de la finca. Se alzaron con un botín de 2.400.000 pesos en efectivo (discriminados en billetes de 10 mil y 2 mil) y emprendieron la fuga en la camioneta de las víctimas.
Un escenario de saña y pericia criminalCuando los efectivos policiales lograron arribar al lugar -recién a las 8.30 de este sábado 21, tras el aviso de la mujer que logró liberarse- se encontraron con una escena que denota el profesionalismo de la banda. En una pileta lavatorio, los delincuentes dejaron cinco cartuchos de escopeta calibre 16, de color rojo, intactos; una firma de que estaban dispuestos a todo.
Además, para ganar tiempo en la huida, los atacantes arrojaron los dos teléfonos celulares de la pareja dentro de un balde con agua, anulando cualquier posibilidad de comunicación inmediata. En la zona, ubicada sobre la Ruta Provincial N° 145, la ausencia de cámaras y alarmas convirtió a la Estancia San Manuel en un blanco perfecto para la impunidad.
La camioneta fue abandonada en cercanías del puente de la localidad de Yapeyú. Pero antes, el accionar policial dejó mucho qué desear. Los cuatro encapuchados se cruzaron con la Policía de Alvear, que no se animó a enfrentarlos para detenerlos ni a seguirlos, atinando apenas a sacar fotos.
Esta pasiva actitud se debería en parte, sostienen los productores de la zona, al temor que les habrían provocado la ferocidad de los delincuentes, pero además, juega un rol clave el desconocimiento latente sobre los límites de respaldo institucional que el sistema judicial les ofrece a los uniformados que, muchas veces, ampara a los malvivientes y termina imputando a los servidores públicos gracias a la teoría zaffaronista.
ZONA PELIGROSA Y EL FANTASMA DEL ABIGEATOEste brutal homicidio, caratulado inicialmente como «Homicidio calificado en situación de robo en despoblado y en banda», no parece ser un hecho aislado en el convulsionado clima que vive el sector ganadero.
Fuentes de la zona vinculan el movimiento de estos encapuchados con un episodio ocurrido apenas 24 horas antes, a solo cuatro kilómetros de allí. En ese campo vecino, cuatro sujetos se dieron a la fuga tras carnear dos vacas a la vera del río Aguapey, luego de un enfrentamiento a tiros con la seguridad privada.
Lo que indigna a los vecinos del Paraje Yurucuá es que esa misma banda habría sido divisada cruzando hacia la localidad de Alvear.
Hoy, mientras el PRIAR redobla esfuerzos en una guerra declarada contra el cuatrerismo, la sombra de la burocracia y la violencia extrema dejan a los productores correntinos en un estado de indefensión total. Melchor Díaz ya no podrá cerrar su portón; hoy el campo correntino llora a uno de los suyos.
IRONÍA Y DESIDIAEn los alrededores de Alvear, por el año 2007, se había inaugurado una dependencia del Priar, a sabiendas de la necesidad de contar con presencia directa de efectivos que custodien una zona caliente; sin embargo, por esas cuestiones que tiene la política institucional, el destacamento fue levantado.
Justo en las inmediaciones se produjo el asesinato del comisario Miguel Gerardo Duarte el 1 de febrero de 2018, en el paraje Pancho Cué, cerca de Alvear, durante un feroz tiroteo con un delincuente apodado «Pajarito» Da Rosa, quien también murió en el fuego cruzado.
informe diario El Libertador